
Soy Agani, de Filipinas. Trabajaba en la construcción y acepté una oferta de trabajo en Italia de un hombre en quien confiaba. Pero al llegar a Roma descubrí que era una trampa.
La persona que me esperaba me quitó el pasaporte, me dijo que les debía 12.000€ y me obligó a trabajar 12 horas al día, 7 días a la semana en una residencia de ancianos, a pesar de que no hablaba italiano. Me ofreció un local sin agua, en el que dormíamos 4 personas… Me daba 300€ al mes para comer, alojarme, ropa y transporte. Con ese dinero no podía pagar el metro, ni comprar carne y casi nunca verdura… Cuando salía de la residencia tenía miedo que la policía me detuviera…

En la residencia conocí a Noelia, una joven filipina. Al principio tenía miedo de que me espiara, pero al ver que trabajaba 7 días a la semana comprendí que era otra víctima y comenzamos a hablar. Ambos sufríamos amenazas constantes.
Una vecina denunció nuestra situación y, tras año y medio de explotación, la policía nos rescató. Hoy estamos casados y compartimos nuestra historia para prevenir la trata laboral y ayudar a otros.
