
Malyn era una superviviente del tráfico de mano de obra. Estaba muy desfigurada por los maltratos físicos y la tortura que había padecido. Había perdido la confianza en sí misma y se alejaba de la gente que la rodeaba.
Con tiempo y paciencia, motivándola y animándola, se consiguió que Malyn comenzara a salir de su caparazón. Empezó a relacionarse y a hacer amigos.
Un día le pregunté si le gustaría ayudar a otras mujeres permitiéndome compartir su historia. Me contestó con un «sí» rotundo y con una bonita sonrisa. Esa sonrisa de esperanza iluminó su rostro. Desde entonces, sigue armándose de valor para tocar otras vidas defendiendo la justicia.
