
Aisha, una mujer del norte de África, dejó a su familia para trabajar como criada en Oriente Medio con la esperanza de enviar dinero a su familia y a su hija, a la que tuvo que criar sola después del abandono de su marido. Trabajando para una familia adinerada, soportaba largas horas de trabajo sin recibir un salario, enfrentándose a horarios interminables, a los malos tratos de los niños y a los constantes reproches de los padres.
Un día, acompañando a la familia de su jefe que volaba a Los Ángeles en su jet privado, aprovechó la oportunidad para escapar y recurrir a la policía de Estados Unidos. Después de un año en un centro dirigido por monjas, ha mejorado su inglés, ha aprendido a conducir y ha encontrado un trabajo estable. Ha obtenido el permiso de residencia y ha llevado a su hija a Estados Unidos, después de ocho años de separación.
Aisha se ha convertido en ciudadana estadounidense y trabaja duro para llegar a n de mes. Está muy agradecida a las monjas que la han apoyado y sigue construyendo una nueva vida, mientras permanece en contacto con su familia y con sus amigos, tanto musulmanes como cristianos.
