Artículo publicado originalmente en Alfa&Omega
Con motivo de la jornada mundial contra esta lacra, pide «contrarrestar los mecanismos económicos» que se lucran con ella
Rodrigo Moreno Quicios 7 de Febrero de 2025

El Papa Francisco con matronas italianas el pasado jueves en Casa Santa Marta. Foto: CNS / Vatican Media.
El Papa alza la voz en defensa de «los millones de personas, especialmente mujeres y niños» atrapadas en «la esclavitud moderna» que es la trata. Lo ha hecho en un mensaje con motivo de XI Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas que la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha revelado este viernes.
En este documento, Francisco recuerda a santa Josefina Bhakita —una religiosa sursudanesa que sufrió en sus carnes esta injusticia— y se pregunta: «¿De dónde sacamos un nuevo impulso para luchar contra el comercio de órganos y tejidos humanos, la explotación sexual de niños y niñas, los trabajos forzados, incluida la prostitución, el tráfico de drogas y de armas?».
Tiene respuesta clara: «Sólo elevando nuestra mirada a Cristo, nuestra esperanza, podemos encontrar la fuerza para un compromiso renovado que no se deje vencer por la dimensión de los problemas y los dramas». Aparte de la reflexión, llama a la acción poniendo como ejemplo a «los jóvenes de todo el mundo que luchan contra la trata». En su experiencia, ellos «nos dicen que debemos convertirnos en embajadores de la esperanza y actuar juntos, con tenacidad y amor». Sobre todo para «estar al lado de las víctimas y los supervivientes».
El Pontífice pide «la ayuda de Dios» para «evitar acostumbrarnos a la injusticia» y «alejarnos de la tentación de pensar que ciertos fenómenos no pueden erradicarse». Bajando a lo concreto, encarga «promover con valentía y eficacia iniciativas dirigidas a debilitar y contrarrestar los mecanismos económicos y criminales que se benefician de la trata y de la explotación». También ayudar a las personas que la sufren a «ponerse de pie, recuperarse y, junto con ellas, identificar las mejores vías para liberar a los demás y hacer prevención».
En su diagnóstico, el Santo Padre valora que «la trata es un fenómeno complejo, en constante evolución, y se ve alimentada por las guerras, los conflictos, el hambre y las consecuencias del cambio climático». Por ello, combatirla «requiere respuestas globales y un esfuerzo común, a todos los niveles, para contrarrestarlo».
Finalmente, invita a todos, «especialmente a los representantes de los gobiernos» y de las organizaciones humanitarias, a «promover iniciativas en defensa de la dignidad humana». Concluye pronosticando que «juntos lograremos hacer un gran esfuerzo y crear las condiciones para que la trata y la explotación sean proscritas».
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