
Mariana, era una joven albanesa, que apenas tenía estudios, por lo que tenía dificultad para encontrar trabajo en su país. Soñaba con emigrar para ayudar a su familia y mejorar su situación. Un amigo de su pueblo le propuso emigrar prometiéndole un buen empleo en Italia.
Al llegar a Italia, su “amigo” la vendió a tratantes que la forzaron a prostituirse en la calle. Le obligaban a trabajar todos los días, sin descanso. Fue vendida en varias ocasiones a otros tratantes, pero su vida no hacía más que empeorar. Un día mientras trabajaba en la calle, la policía le pidió sus papeles. Ella no tenía ninguno. Le dieron una orden de deportación y un plazo de 15 días para abandonar el país. En ningún momento le preguntaron por su situación o le ofrecieron ayuda. Si le hubieran hecho unas simples preguntas podrían haber descubierto que había sido víctima de la Trata. Cuando contó a los tratantes lo que había pasado y les mostró la orden de deportación, ellos simplemente la transfirieron a otra ciudad donde continuó siendo explotada como hasta entonces.
Uno de los muchos tratantes que tuvo la enamoró y le dijo que irían a Inglaterra, lejos de Italia y allí se casarían… Ella le creyó, pero su vida en Inglaterra fue aún peor porque su “novio” la maltrataba y la obligaba a prostituirse en un piso en el que había otros tratantes albaneses y otras mujeres que como ella estaban obligadas a prostituirse… El tratamiento fue aún peor que en Italia porque los clientes y los tratantes se sentían fuertes en un piso y les pegaban y maltrataban continuamente. Cuando estaban muy enfadados, les pegaban con cables de teléfono mojados… En un momento Marianna no podía más e intentó escaparse, pero los tratantes la encontraron y para castigarla le cortaron lentamente un dedo hasta el hueso.
Marianna estaba tan convencida de que nadie podría salvarla que no intentó llamar a la policía porque pensaba que la policía en Italia y en Inglaterra era corrupta y cómplice del sufrimiento de muchas mujeres, como la policía que había conocido en Albania.
Su cuerpo estaba tan destrozado que un día un cliente tras ver las marcas que Marianna tenía como resultado de las palizas y golpes, fue a la policia y denunció el maltrato cuyas huellas había visto en el cuerpo de Mariana.
La policía le llevó a un centro para mujeres como ella y eso fué el comienzo del camino muy largo que emprendió para salir del infierno en el que estaba.
