
Me llamo Aissatou Bangoura, aunque ese no es mi verdadero nombre, pero hoy quiero contarles mi historia. Nací en Guinea-Conakri, pero llegué a España cuando tenía 11 años. Aquí he vivido momentos muy duros, pero también he aprendido que la libertad es un derecho que hay que defender.
Todo empezó cuando cumplí 14 años. Recuerdo que mis padres me llamaron un día al salón con una seriedad que no entendía. Me dijeron que habían decidido que debía casarme con un primo nuestro que vivía en Guinea, alguien a quien nunca había visto en mi vida. Mi primera reacción fue de incredulidad, pero enseguida se transformó en miedo y rabia. Les dije que no quería. Que tenía sueños, que quería seguir estudiando.
Pero mis palabras no les importaron. «Eres mujer, y tu destino es casarte y tener hijos,» me repetían. Yo no quería aceptar eso. Mi negativa les enfureció. Me castigaron de maneras que nunca olvidaré. No me dejaban salir de casa, ni siquiera ir al colegio, y a veces usaban la violencia para intentar doblegarme.
Fue un infierno, pero lo que más me marcó fue ver cómo mi hermana mayor había pasado por lo mismo. Ella no tuvo opción y terminó siendo obligada a casarse. Yo me juré a mí misma que no permitiría que eso me sucediera.
Cuando tenía 17 años, mis padres lo intentaron de nuevo. Esta vez, con un hombre que tenía 50 años, alguien que podría haber sido mi abuelo. Sentí que no podía seguir soportándolo. Era mi vida, mi futuro, y no iba a permitir que nadie lo decidiera por mí. Así que tomé una decisión que me cambió la vida: me fui de casa.
No fue fácil. Durante un tiempo no sabía a dónde ir ni en quién confiar. Fue entonces cuando encontré a la asociación Valientes y Acompañadas. Ellos me ayudaron a levantarme, a entender que no estaba sola y que mi decisión había sido valiente, no egoísta. Me apoyaron para seguir adelante, para estudiar y construir una vida donde yo pudiera elegir quién ser.
Hoy, más de una década después, puedo decir con orgullo que lo logré. Soy madre de una niña preciosa de siete meses, estudio, y cada día me despierto sabiendo que soy libre.
Ahora dedico mi vida a ayudar a otras jóvenes que están viviendo lo que yo viví. Las escucho, las apoyo, y les digo que no están solas, que hay salida. Porque si yo lo conseguí, ellas también pueden hacerlo. La libertad no debería ser un lujo, sino un derecho para todas.
