
«Tenía 11 años cuando dejé la escuela para ayudar a mi familia y acabé esclavo en una mina»
Chien y yo éramos muy amigos. Los dos procedíamos de familias muy pobres. Alguien nos propuso ir a trabajar en las minas de oro donde podríamos ganar un buen salario para ayudar a nuestras familias. Así que dejamos la escuela y muy ilusionados emprendimos el viaje a las minas donde nos habían ofrecido el trabajo. Al llegar a la mina nos obligaron a trabajar en galerías subterráneas, sin descanso, vigilados constantemente y controlados mediante amenazas. Nos dijeron que sólo nos pagarían al cabo de seis meses de trabajo. Consumidos por la malaria no tratada y la desnutrición, Chien y yo organizamos un intento de fuga con otros niños que como nosotros, también estaban retenidos en las minas. Pero nos descubrieron, nos atraparon y el capataz nos dio unas sendas palizas.
Finalmente, con la ayuda de unos aldeanos locales, que nos encontraron cuando buscábamos comida en la jungla, nos alimentaron, nos escondieron y avisaron a un centro de ayuda infantil. Ahora estamos en el centro con otros chicos, esperando que pronto podamos reunirnos con nuestras familias.
