
«Pensaba convertirme en un campeón de boxeo y acabé esclavizado en servidumbre doméstica»
Boxeaba bien, pero sabía que en Filipinas no tendría futuro como boxeador. Un día un hombre que había estado rondando por el lugar donde mis amigos y yo entrenábamos, unos australianos nos ofrecieron llevarnos a Australia donde podríamos triunfar como boxeadores. Saltamos de alegría ante esta propuesta tan maravillosa. Como no teníamos dinero para los pasaportes, visados y billetes, ellos nos propusieron adelantarnos el dinero que se lo devolveríamos cuando triunfáramos. Con nuestros sueños de triunfar como boxeadores, al llegar a Sidney los dos australianos que nos acompañaron nos comunicaron que estábamos endeudados con ellos. Nos confiscaron los pasaportes “como garantía” nos dijeron y nos forzaron a realizar trabajos domésticos no remunerado como «sirvientes». En lugar de progresar en el boxeo, trabajábamos más de 12 horas al día, vivíamos en un garaje sin calefacción y comíamos restos de comida.
A pesar de todo, en mis ratos libres, yo continuaba mi entrenamiento. Pude participar en un combate en el que gané unos 3,500 dólares, pero mi captor le quitó el dinero. Había aprendido la lección. Sabía que tenía que escaparme… Logramos huir los tres y fuimos a la policía. Abrieron una investigación contra nuestros captores por explotación y trata de personas. El gobierno y una asociación nos ayudó a recuperarnos y nos devolvieron a nuestro país.
