Eucaristía Jubilar contra la Trata de personas con fotos de la celebración

En el marco del Año Jubilar, la Comisión Diocesana contra la Trata de Personas de Madrid celebró una Eucaristía por las víctimas, por quienes las acompañan y acogen, y por todos los hombres y mujeres de buena voluntad que trabajan por erradicar esta grave forma de esclavitud.

Fue una celebración de fe, esperanza y compromiso, que reunió a creyentes y no creyentes unidos en un mismo deseo: defender la dignidad de cada persona y anunciar la libertad que Dios quiere para todos.

Video de la Eucaristía Jubilar contra la Trata de personas.

La catedral de la Almudena acogió el domingo 26 de octubre, la Misa Jubilar contra la trata de personas, en el marco del Año #Jubilar de la archidiócesis de Madrid, bajo el lema “Con esperanza, no a la trata”.  Estuvo organizada y animada por la Comisión Diocesana contra la trata de personas de Madrid.

En el marco del Año Jubilar, la Comisión Diocesana contra la Trata de Personas de Madrid celebró una Eucaristía por las víctimas, por quienes las acompañan y acogen, y por todos los hombres y mujeres de buena voluntad que trabajan por erradicar esta grave forma de esclavitud.

Fue una celebración de fe, esperanza y compromiso, que reunió a creyentes y no creyentes unidos en un mismo deseo: defender la dignidad de cada persona y anunciar la libertad que Dios quiere para todos.

La Eucaristía Jubilar con Esperanza: No a la Trata estuvo marcada por gestos profundamente simbólicos que hicieron visible el sufrimiento, la dignidad y la esperanza de las víctimas de trata. Cada signo, integrado en el desarrollo litúrgico, ayudó a la asamblea a orar desde la realidad concreta de la esclavitud moderna y a expresar la fe en el poder liberador de Cristo.

El signo de la cadena, al inicio de la celebración, fue el gesto central que abrió la liturgia. Tres personas entraron solemnemente portando una gran cadena que depositaron a los pies del altar. Este acto simbolizó las ataduras visibles e invisibles que esclavizan a miles de personas víctimas de trata. Colocar la cadena ante el altar fue una profesión de fe: creer que el amor de Cristo puede romper las cadenas del dolor, transformar la oscuridad en luz y devolver la dignidad perdida. Este gesto convirtió el altar en un espacio de liberación y esperanza, donde el sufrimiento se ofrece para ser transformado en vida nueva.

D. José Luis Segovia Bernabé presidió la Eucaristía e hizo la homilía. La parábola del fariseo y el publicano, del Evangelio del día, nos invita a revisar dos actitudes esenciales: nuestra relación con Dios y nuestra manera de situarnos ante las víctimas de la trata. Jesús critica la autosuficiencia del fariseo que se cree justo y desprecia al otro, y exalta la humildad del publicano, que se reconoce necesitado de misericordia. En este contraste, se nos revela la mirada de Dios: un Dios que se pone incondicionalmente del lado de las víctimas, de quienes han sido humilladas, explotadas y despojadas de su dignidad.

A las víctimas de la trata, el mensaje es claro y esperanzador: Dios ha descendido a las cuevas más oscuras de la trata para acompañar, sostener y dignificar. No importa lo profundo del dolor, “del infierno de la trata se puede salir”. Dios escucha siempre la oración del pobre y levanta a quien se presenta ante Él con las manos vacías. Las víctimas, al sobrevivir y sanar, se convierten en luz y esperanza para otras personas.

A la Iglesia y a la sociedad, la homilía lanza una llamada a la conversión: no podemos colocarnos como fariseos, indiferentes o preocupados por la apariencia institucional. Estamos llamados a mirar con compasión, a escuchar, a denunciar y acompañar. Las víctimas nos muestran dónde está Dios y dónde debe estar siempre su Iglesia: junto a los crucificados de hoy, siendo “peregrinos de esperanza” que anuncian vida, dignidad y redención.

Cristo, el Dios encarnado, es un Dios liberador, que rescata de las esclavitudes físicas y espirituales. Su acción se prolonga hoy en quienes luchan contra la trata —religiosas, laicos, comunidades— que, con ternura y perseverancia, encarnan su amor.

Durante el ofertorio, se realizaron otros signos visuales que profundizaron el mensaje de la celebración. Tres imágenes de mujeres representaron el proceso de liberación: una mujer encorvada, símbolo del dolor y la deshumanización; una mujer semiincorporada, expresión de la reparación y la sanación; y una mujer erguida, signo de las supervivientes que han recuperado la fuerza y la esperanza. Estos gestos, junto con la presentación del pan y el vino, hicieron visible la ofrenda del sufrimiento humano transformado por la gracia de Dios.

Antes de la bendición final, tuvo lugar el signo culminante: la ruptura de las cadenas y la entrada de personas portando velas y girasoles. Al romper las cadenas depositadas al inicio, la comunidad proclamó que la esperanza vence a la esclavitud y que el amor de Cristo puede iluminar incluso las noches más oscuras. Las velas simbolizaron la luz que renace, y los girasoles, orientados hacia el sol, fueron imagen de las vidas que buscan renacer, de los corazones que no se resignan a la oscuridad.

Estos signos —cadena, imágenes, luz y flores— transformaron la Eucaristía en una catequesis viva sobre la liberación, la dignidad y la esperanza, recordando a todos que la fe cristiana no permanece indiferente, sino que actúa para sanar, liberar y construir un mundo sin trata.

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