Myo, de Birmania

Decidí sacrificarme por mi familia y acabé maltratado y sordo de un golpe

Unos conocidos me propusieron mejorar mi vida e ir a trabajar en una fábrica de piñas en Tailandia. La decisión no fue fácil porque me gusta mi país y vivir con mi familia, pero todo pasó muy rápido y pensé que merecía la pena sacrificarse un poco para que mi esposa y mis hijos tuvieran una vida mejor. Pero cuando llegué a Tailandia me vendieron a un capitán de barco pesquero por el equivalente de unos 430 dólares. Estuve retenido en el barco durante 10 meses, obligado a hacer un trabajo muy duro, durante muchas horas, todos los días de la semana. Además, me golpeaban regularmente porque decían que no trabajaba suficientemente rápido. Un día me golpearon en la cabeza y el oído contra un bloque de hielo en el barco. Como consecuencia del golpe me quedé sordo. En las raras ocasiones en que el barco atracaba, los oficiales sobornaban a la policía local para que no permitieran bajar a tierra a los pescadores para evitar posibles fugas.

Un día al llegar a un puerto, logré escapar y busqué refugio en un templo. Los sacerdotes y algunos fieles me ayudaron y hoy, aunque mi sordera continua, estoy feliz de haber vuelto a Birmania con mi familia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio